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Ya sea que me leas desde España, donde la primavera empieza a asomar, o desde LATAM en plena entrada al otoño, estamos en esa época del año en la que muchas personas notan que se les cae más el pelo. Y no, no es casualidad. Igual que los árboles pierden sus hojas y los animales mudan su pelaje, nosotros también cambiamos. El cuerpo es sabio y el cabello tiene sus propios ciclos de renovación.

No se cae todo a la vez ni de golpe.

 

Para entenderlo, hay que saber que cada cabello está en una fase distinta:

* Anágena: Es la fase de crecimiento activo.

* Catágena: Una etapa de transición donde el crecimiento se detiene.

* Telógena: La fase de reposo que precede a la caída.

En esta temporada, la fase telógena se activa de forma natural en un mayor porcentaje de folículos. Por eso ves más restos en la almohada, en la ducha o en el cepillo. No es que estés perdiendo tu melena; es que tu cuerpo está haciendo lo que le toca biológicamente.

 

¿Y si estoy pasando por estrés, ansiedad o depresión?

Aquí es donde mi labor como terapeuta y mi experiencia previa como peluquera se unen. Es completamente normal que la caída se intensifique cuando tu salud emocional está resentida. El estrés crónico o prolongado eleva los niveles de cortisol, una hormona que puede alterar directamente el ciclo capilar.

Cuando el cuerpo entra en modo «alerta» por un cuadro de estrés alto o una depresión, prioriza funciones vitales para la supervivencia… y el pelo, lamentablemente, no entra en esa lista. El organismo «desvía» los nutrientes hacia los órganos esenciales. Si notas que la caída es excesiva, puede que la fase telógena se haya acelerado de golpe, impidiendo que nazcan suficientes cabellos nuevos en fase anágena.

Yo misma he pasado por un cuadro de estrés alto y he visto cómo mi propio cuerpo reaccionaba a ello a través del cabello. Por eso quiero compartirte esto: porque el cuerpo habla, y el pelo es uno de sus portavoces más claros.

  • El primer paso: No ignores la biología.

Antes de volcarte en buscar soluciones externas o cosméticas, lo primero que te recomiendo —y esto es fundamental— es hacerte un chequeo básico. No olvides pasar por una analítica completa para verificar que no haya nada «bajo».

Muchas veces, detrás de una caída persistente hay un déficit de hierro (ferritina), falta de vitaminas del grupo B o una alteración en la tiroides. Un cuerpo que pide ayuda desde dentro no se soluciona solo desde fuera. Si los resultados médicos están en orden, entonces sí es el momento de apoyar al organismo con suplementación específica.

 

Los componentes clave para el refuerzo capilar

Desde mi experiencia técnica, si decides buscar un suplemento para este periodo, lo importante no es la marca, sino que te fijes en que su composición incluya estos tres pilares:

* Biotina: Esencial para fortalecer la estructura del cabello desde la raíz, mejorando su resistencia y textura.

* Zinc: Un mineral que protege el folículo piloso, ayuda a frenar la caída y equilibra la producción de sebo en el cuero cabelludo.

* Selenio: Un potente antioxidante que combate el daño oxidativo en las células y contribuye a mantener el equilibrio del cuero cabelludo.

 

La suplementación ayuda, sí, y es un refuerzo temporal excelente para no sobrecargar el cuerpo mientras recuperamos el ritmo. Sin embargo, el trabajo profundo lo tenemos que hacer nosotros/as.

Cuidarnos, aprender a parar, regular nuestras emociones y, sobre todo, escucharnos. El cabello volverá a su ciclo normal cuando tú vuelvas a tu centro.

He compartido esta información porque si mi doble visión —la de la consulta y la del salón— te ayuda a entender qué te está pasando y a buscar ese equilibrio, el esfuerzo habrá merecido la pena.

Un abrazo enorme.