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Si estás leyendo esto, probablemente sepas lo que es que tu vida se detenga por un dolor que no te deja ni abrir los ojos. Yo no te hablo desde un folleto médico; te hablo como alguien que ha sido su propia conejilla de indias durante años… antes de sentarse siquiera a escribir esto. Porque para llegar aquí, he pasado por un calvario que sobre todo muchas entenderéis.

Mi historial no es corto.

He batallado años con dolores menstruales que me doblaban por la mitad y retrasos, en los cuales me dolía hasta que bajaba la vida…

no os digo nada cuando me bajaba. La «solución» médica estándar fueron los anticonceptivos, pero para mí el remedio fue infinitamente peor que la enfermedad al tiempo. Lo que empezó como un intento de regular mi periodo y los dolores, terminó por dejarme unos efectos secundarios devastadores: migrañas crónicas insoportables.

Hablo de crisis de esas que te mandan directa a urgencias, con el paracetamol en vena puesto, esperando en una camilla a que el goteo decida si cuando acaba el dolor agudo (si os parece una historia de novela dramática, y penséis «¿que dice esta ahora?» ) os aseguro que estoy siendo incluso suave con la explicación y quienes me han visto, incluso los mismos sanitarios, os dirían que de exagerar nada.

Es más, mi médico de cabecera fué quien me explicó el porqué.

En mi desesperación por encontrar una salida, llegué a hacerme incluso el famoso pendiente en la oreja (el Daith piercing), ese que dicen que toca un punto de presión para la migraña, en su momento hacía efecto, es más, gracias a él no deriva a un intenso dolor, incluso debo decir que el día que fui a hacérmelo para variar iba con migraña y dentro de notar que me desgarraban la oreja por la perforación, me dio un alivio que mereció la pena.

Lo intenté todo. Incluso trabajando, me ha costado la vida sobrellevarlo; es agotador intentar rendir cuando sientes que la cabeza te va a estallar y el cuerpo no te sigue.

 

Aunque el estrés y la ansiedad son disparadores comunes (y yo no soy inmune a ellos), mi médico fue claro: mis migrañas eran un efecto secundario directo de la carga hormonal de los anticonceptivos, los días que no las tomaba mi cuerpo batallaba por la falta de suplemento de hormonas que le daba durante días , porque obviamente entonces me daban dolores solo y durante el periodo, amanecer y acostarme con ella.

Fué un fisioterapeuta quien terminó de darme la pieza del puzzle que me faltaba. Me aconsejó dejar las hormonas sintéticas para permitir que mi sistema se «limpiara» de tanto químico acumulado (entre muchísimas más cosas que me informó a lo que recordé que me dijo «dirás que te estoy metiendo una chapa» y le respondí que en absoluto, que después de haberme hecho pruebas y de todo y que me digan que no ven nada y venga pastillas, me esté dando con lo que me pasaba, me estaba pareciendo una pasada.

Y así fue. A medida que mi sistema iba eliminando esos residuos, las migrañas de urgencias desaparecieron (¡Menos mal! y lo bueno es que mi periodo se había regulado, al menos una buena noticia).

Pero no nos engañemos: el cuerpo tiene memoria. Se quedaron las jaquecas constantes, ese aviso persistente y punzante cada vez que me va a bajar el periodo. Ahí es donde, buscando una solución real que no fuera volver a inflarme a pastillas, me topé con el Bisglicinato de Magnesio.

¿Por qué Bisglicinato y no otro?

Investigué a fondo porque no quería volver a fallar.

Hay muchos tipos de magnesio: el óxido (que suele absorber poco y suele dar efecto laxante), el citrato (más para el tránsito intestinal), cloruro (tiene un sabor terrible y puede ser fuerte para el estómago)… pero el bisglicinato es el «rey» para quienes sufrimos del sistema nervioso y dolor crónico.

Al estar unido a la glicina, no solo se absorbe de maravilla sin dar guerra al estómago, sino que tiene una afinidad especial con nuestra neurología.

* Para la migraña y el útero: Actúa como un relajante natural de la musculatura lisa. Ayuda a que los vasos sanguíneos de la cabeza no tengan esas contracciones violentas que causan el latido de la migraña, y a que el útero no se mueva con esos espasmos (cólicos) tan agresivos, se reduce notoriamente una barbaridad. Es como bajarle el volumen a una radio que está a toda pastilla.

 * El impacto en el descanso : Este es un punto vital. El bisglicinato no es un sedante, pero hace algo mucho más profundo: regula tu sistema nervioso. Cuando vives con jaquecas o niveles altos de estrés, tu cuerpo está en modo «supervivencia». Este magnesio ayuda a reducir el cortisol y activa los receptores GABA en el cerebro.

¿Qué significa esto? Que por fin puedes entrar en un sueño profundo y reparador. Dormir bien no es un lujo, es la herramienta principal que tiene el cerebro para resetearse y no disparar una crisis de dolor al día siguiente.

>Un aliado para todos<

Aunque mi enfoque es mi experiencia con el ciclo y la cabeza, este mineral es esencial para todos.

En los hombres, por ejemplo, es clave para la recuperación muscular y el equilibrio hormonal, al igual que le facilita un buen descanso. Pero mi intención hoy es contarte cómo me ha rescatado a mí de ese círculo vicioso de hormonas, urgencias y frustración.

He pasado por el proceso, he limpiado mi sistema, he escuchado a profesionales y he sido la primera en probar en mi propia piel los resultados.

Solo quería compartirlo porque sé que hay muchas personas ahí fuera, hartas de probar pendientes y fármacos, que solo buscan recuperar un poco de su calidad de vida.